Una toxiinfección alimentaria es una enfermedad causada por consumir alimentos o bebidas contaminados por bacterias, virus, parásitos o toxinas. Entre los agentes más relevantes están Salmonella, Campylobacter, Listeria y determinadas cepas de E. coli. El riesgo se reduce controlando la cocción, la refrigeración, la limpieza y la contaminación cruzada.
Las toxiinfecciones alimentarias no son únicamente un problema para quien consume el alimento. En bares, restaurantes, hoteles y empresas de catering, un solo fallo puede afectar a varios clientes, activar una investigación sanitaria, obligar a retirar productos y perjudicar gravemente la reputación del establecimiento.
Esta guía complementa nuestra guía completa de seguridad alimentaria en hostelería y adopta un enfoque operativo: además de explicar los agentes y síntomas, muestra cómo se originan los brotes, qué controles pueden evitarlos y qué evidencias debe conservar el negocio.
Datos clave: el informe The European Union One Health 2024 Zoonoses Report, publicado por EFSA y ECDC el 9 de diciembre de 2025, registró en la UE 6.558 brotes alimentarios, 62.481 casos, 3.336 hospitalizaciones y 53 fallecimientos durante 2024. Los brotes aumentaron un 14,5 % respecto a 2023. (EFSA, 2025)
Índice
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¿Qué es una toxiinfección alimentaria?
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¿Qué bacterias y otros agentes causan más toxiinfecciones?
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¿Cuáles son los síntomas y cuándo aparecen?
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¿Qué alimentos y personas presentan mayor riesgo?
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¿Cómo se produce un brote en hostelería?
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¿Cómo se previenen las toxiinfecciones?
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¿Qué patógeno se asocia a cada alimento?
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¿Qué debe hacer un establecimiento ante un posible brote?
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Preguntas frecuentes
¿Qué es una toxiinfección alimentaria?
Una toxiinfección alimentaria es una enfermedad relacionada con el consumo de alimentos o agua contaminados. El término se utiliza con frecuencia de forma general, aunque existen tres mecanismos diferentes:
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Infección alimentaria: se consumen microorganismos vivos que posteriormente se multiplican o actúan en el organismo. Es el caso de muchas infecciones por Salmonella, Campylobacter o Listeria.
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Intoxicación alimentaria: se consume una toxina que ya se ha formado en el alimento, como algunas enterotoxinas de Staphylococcus aureus.
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Toxiinfección en sentido estricto: se consumen microorganismos que producen toxinas después de entrar en el organismo.
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Esta diferencia es importante para la hostelería. Cocinar o recalentar un alimento puede reducir microorganismos sensibles al calor, pero no siempre elimina toxinas termoestables que ya se hayan formado. La AESAN, por ejemplo, señala que la toxina emética de Bacillus cereus puede resistir temperaturas muy elevadas una vez presente en el alimento.
Además, un alimento contaminado no siempre presenta mal olor, cambios visibles o un sabor extraño. La apariencia normal nunca sustituye el control de proveedores, tiempos, temperaturas, higiene y trazabilidad.
¿Qué bacterias y otros agentes causan más toxiinfecciones?
No existe una única bacteria responsable de todas las intoxicaciones alimentarias. La importancia de cada agente depende de si se mide el número total de casos, los brotes confirmados, las hospitalizaciones o la gravedad.
Según el informe de zoonosis 2024 de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria y el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades, Campylobacter fue la zoonosis más notificada en humanos en la UE, con 168.396 casos. Le siguieron la salmonelosis, con 79.703 casos; las infecciones por E. coli productora de toxina Shiga, con 11.738; y la listeriosis invasiva, con 3.041.
Salmonella
Salmonella se relaciona especialmente con huevos, ovoproductos, carne de ave, carne insuficientemente cocinada, leche no pasteurizada y alimentos contaminados después de su preparación.
En los brotes de 2024, la combinación de Salmonella con huevos y ovoproductos generó el mayor número de brotes y hospitalizaciones entre las combinaciones de agente y alimento destacadas por EFSA y ECDC.
Los establecimientos que elaboran tortillas, mayonesas, salsas, postres o preparaciones con huevo deben aplicar controles específicos. Consulta nuestra guía sobre el manejo seguro del huevo y los ovoproductos en hostelería.
Campylobacter
Campylobacter se asocia principalmente con carne de ave cruda o poco cocinada, leche sin pasteurizar, agua contaminada y contaminación cruzada procedente del pollo crudo.
El ECDC sitúa su periodo de incubación habitual entre dos y cinco días. Puede provocar dolor abdominal, diarrea acuosa —en ocasiones sanguinolenta—, fiebre, cefalea y dolor muscular.
Listeria monocytogenes
Listeria monocytogenes preocupa especialmente en alimentos refrigerados listos para consumir, como determinados productos cárnicos, pescados ahumados, quesos blandos y preparaciones con una vida útil prolongada.
Aunque se notifican menos casos que de Campylobacter o Salmonella, puede causar cuadros considerablemente más graves. En 2024, aproximadamente siete de cada diez personas afectadas por listeriosis necesitaron hospitalización y una de cada doce falleció, según la AESAN.
E. coli productora de toxina Shiga
Las cepas STEC pueden asociarse con carne picada insuficientemente cocinada, leche cruda, quesos elaborados con leche cruda, vegetales contaminados, brotes germinados y agua no segura.
La AESAN indica que su periodo de incubación puede variar entre dos y diez días. Algunos casos, especialmente en niños pequeños y personas mayores, pueden evolucionar hacia un síndrome urémico hemolítico.
Norovirus
El norovirus puede transmitirse mediante alimentos, agua, superficies contaminadas o personas infectadas. En hostelería resulta particularmente relevante porque puede propagarse rápidamente en cocinas, bufés, hoteles, cruceros y colectividades.
El periodo de incubación suele ser de 12 a 48 horas. Los vómitos, la diarrea y el dolor abdominal son manifestaciones frecuentes.
Staphylococcus aureus y Bacillus cereus
Estas bacterias pueden producir toxinas en los alimentos cuando se combinan contaminación y un control deficiente del tiempo y la temperatura.
Las enterotoxinas estafilocócicas suelen causar síntomas entre 30 minutos y ocho horas después del consumo. La forma emética de Bacillus cereus, asociada con frecuencia a alimentos ricos en almidón mantenidos incorrectamente, puede producir síntomas entre 30 minutos y seis horas.

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¿Cuáles son los síntomas de una intoxicación alimentaria y cuándo aparecen?
Los síntomas más habituales de una enfermedad transmitida por los alimentos incluyen:
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Diarrea.
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Náuseas.
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Vómitos.
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Dolor o calambres abdominales.
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Fiebre.
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Cefalea.
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Cansancio y malestar general.
La aparición puede producirse desde pocos minutos después del consumo hasta varias semanas más tarde. Una aparición rápida puede ser compatible con una toxina preformada, mientras que determinadas infecciones necesitan más tiempo para desarrollarse.
No obstante, el tiempo de aparición y los síntomas no permiten identificar por sí solos el alimento o microorganismo responsable. Varias enfermedades presentan síntomas parecidos, y diferentes personas que han compartido una comida pueden comenzar a sentirse mal en momentos distintos.
Para el establecimiento, la prioridad no es intentar realizar un diagnóstico. Debe registrar qué alimentos se consumieron, cuándo se sirvieron, quién los manipuló y qué controles se aplicaron.

¿Qué alimentos y personas presentan mayor riesgo?
Se consideran especialmente sensibles los alimentos que permiten la supervivencia o multiplicación de microorganismos y que, además, se consumen sin un tratamiento posterior suficiente.
Entre los principales alimentos de alto riesgo se encuentran:
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Carne de ave cruda o poco cocinada.
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Carne picada y hamburguesas insuficientemente cocinadas.
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Huevos y preparaciones con huevo.
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Leche cruda y quesos elaborados con leche no pasteurizada.
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Pescado ahumado y otros productos listos para consumir.
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Arroz, pasta y otros alimentos cocinados enfriados lentamente.
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Salsas, caldos y guisos mantenidos a temperaturas inadecuadas.
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Mariscos y moluscos consumidos crudos.
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Brotes germinados, vegetales y frutas contaminados.
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Ensaladas y platos preparados manipulados después de cocinarse.
Grupos especialmente vulnerables
Cualquier persona puede sufrir una toxiinfección, pero el riesgo de complicaciones aumenta en:
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Personas mayores.
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Niños pequeños.
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Mujeres embarazadas.
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Personas inmunodeprimidas.
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Personas con enfermedades crónicas o tratamientos que reducen sus defensas.
En estos grupos, una contaminación aparentemente limitada puede tener consecuencias más graves. Por eso, residencias, hospitales, guarderías, comedores escolares y otros servicios dirigidos a poblaciones vulnerables necesitan controles especialmente rigurosos.

¿Cómo se produce un brote de toxiinfección en hostelería?
Un brote rara vez se debe a un único error aislado. Lo habitual es que exista una cadena de fallos que permita al microorganismo entrar, sobrevivir, multiplicarse o pasar a un alimento listo para consumir.
Los fallos más frecuentes incluyen:
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Recepción de una materia prima contaminada sin controles adecuados de proveedor, integridad o temperatura.
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Almacenamiento incorrecto, con alimentos crudos situados sobre productos cocinados o listos para consumir.
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Contaminación cruzada mediante manos, tablas, cuchillos, recipientes, paños o superficies.
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Cocción insuficiente en el centro del alimento.
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Enfriamiento demasiado lento de grandes cantidades de comida.
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Mantenimiento prolongado a temperaturas que permiten la proliferación bacteriana.
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Manipulación después de la cocción sin una higiene adecuada.
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Preparación de alimentos por personal con síntomas gastrointestinales.
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Limpieza o desinfección ineficaz de superficies y equipos.
Puedes consultar medidas específicas en nuestra guía sobre contaminación cruzada en la cocina.
Ejemplo práctico: una cadena de fallos en un restaurante
Un restaurante recibe pollo crudo contaminado con Campylobacter. Durante la preparación, se utiliza la misma tabla para cortar el pollo y una guarnición que no recibirá cocción posterior. La superficie no se limpia y desinfecta correctamente. La guarnición se conserva durante varias horas y después se sirve a numerosos clientes.
El problema no sería únicamente la presencia inicial de Campylobacter. El brote se habría producido por la combinación de una materia prima contaminada, una separación deficiente, una limpieza incorrecta y la ausencia de un tratamiento posterior.
En España, una alerta de AESAN publicada el 12 de agosto de 2024 relacionó un brote de salmonelosis en Cataluña, con cinco personas afectadas, con queso de pasta blanda elaborado con leche cruda de oveja que dio positivo en Salmonella. El producto fue retirado de los canales de comercialización.
¿Cómo se previenen las toxiinfecciones alimentarias?
La prevención requiere controles consecutivos desde la recepción hasta el servicio. No basta con cocinar correctamente si después el alimento vuelve a contaminarse o permanece demasiado tiempo fuera de control.
1. Trabajar con proveedores controlados
Comprueba que los proveedores están identificados y que los productos llegan:
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Dentro de su fecha de uso.
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A la temperatura adecuada.
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Con envases íntegros.
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Con el lote y la información de trazabilidad disponibles.
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Sin signos de descongelación, deterioro o contaminación.
2. Separar alimentos crudos y listos para consumir
Utiliza zonas, utensilios o momentos diferentes para preparar materias primas crudas y alimentos que no recibirán otra cocción.
La separación debe mantenerse durante:
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La recepción.
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El almacenamiento.
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La preparación.
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La exposición.
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El servicio.
3. Aplicar tratamientos térmicos eficaces
La temperatura debe comprobarse en el centro o punto más frío del producto, especialmente en:
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Carne de ave.
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Hamburguesas y carne picada.
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Preparaciones con huevo.
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Platos de gran tamaño.
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Alimentos recalentados.
No confíes únicamente en el color exterior, el tiempo programado o la experiencia visual.
4. Enfriar con rapidez
Los recipientes profundos y las grandes cantidades de guisos, arroz, pasta o salsas pueden permanecer calientes durante demasiado tiempo.
Divide las preparaciones en porciones más pequeñas, utiliza recipientes poco profundos o equipos específicos de enfriamiento y registra el proceso cuando sea un punto relevante de control.
5. Mantener la cadena de frío y el calor
Las cámaras, expositores, equipos de mantenimiento y vehículos deben controlarse con termómetros adecuados. Consulta los límites y procedimientos en nuestra guía de temperaturas de conservación de alimentos según el RD 1021/2022.
La AESAN recomienda mantener el frigorífico a una temperatura igual o inferior a 5 °C, cocinar bien los alimentos, separar los productos crudos de los cocinados y limpiar manos, cuchillos y superficies después de manipular materias primas crudas.
6. Limpiar antes de desinfectar
La suciedad y los restos orgánicos pueden reducir la eficacia del desinfectante. Todo procedimiento debe definir:
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Qué se limpia.
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Con qué producto.
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A qué concentración.
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Durante cuánto tiempo debe actuar.
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Quién es responsable.
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Cómo se verifica el resultado.
7. Supervisar la salud y actuación del personal
El establecimiento debe disponer de un sistema para que el personal comunique síntomas gastrointestinales o enfermedades transmisibles relevantes antes de comenzar a trabajar con alimentos.
El uso de guantes no sustituye el lavado de manos. Además, los guantes contaminados pueden transferir microorganismos entre alimentos y superficies si no se cambian correctamente.
8. Registrar desviaciones y medidas correctoras
Cuando una temperatura, tiempo o condición no cumple el límite establecido, no basta con corregir el equipo. Debe decidirse también qué ocurre con el alimento afectado y dejar constancia de:
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La desviación.
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El producto implicado.
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La decisión adoptada.
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La persona responsable.
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La medida aplicada para evitar que se repita.
El Reglamento (CE) n.º 852/2004 establece el marco general de higiene que deben aplicar los operadores alimentarios, incluidos procedimientos permanentes basados en los principios del APPCC.
Refuerza la prevención en tu establecimiento
Forma a tu equipo para controlar la contaminación, las temperaturas, la limpieza y otras causas habituales de las toxiinfecciones alimentarias.
¿Qué patógeno se asocia a cada alimento?
La siguiente tabla sirve como referencia operativa. Los tiempos son aproximados y no permiten identificar por sí solos la causa de un caso concreto.
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Agente |
Fuentes alimentarias frecuentes |
Síntomas habituales |
Aparición orientativa |
Control principal en hostelería |
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Salmonella |
Huevos, ovoproductos, aves, carne y leche no pasteurizada |
Fiebre, diarrea, dolor abdominal, náuseas y vómitos |
6–72 horas |
Cocción, refrigeración, separación y control del huevo |
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Campylobacter |
Pollo crudo, leche no pasteurizada y agua contaminada |
Diarrea, dolor abdominal, fiebre y cefalea |
2–5 días |
Cocción completa y prevención de contaminación cruzada |
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Listeria monocytogenes |
Alimentos refrigerados listos para consumir, quesos blandos y pescados ahumados |
Fiebre y síntomas que pueden volverse invasivos en grupos vulnerables |
Días a varias semanas |
Frío, vida útil, limpieza y control de productos listos para consumir |
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E. coli STEC |
Carne picada, leche cruda, queso, vegetales y brotes germinados |
Dolor abdominal intenso y diarrea, que puede ser sanguinolenta |
2–10 días |
Cocción completa, proveedores seguros y lavado higiénico |
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Norovirus |
Alimentos manipulados, moluscos, agua y superficies contaminadas |
Vómitos, diarrea y dolor abdominal |
12–48 horas |
Higiene del personal, exclusión por enfermedad y desinfección |
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Staphylococcus aureus |
Alimentos muy manipulados y mantenidos sin control térmico |
Náuseas, vómitos y diarrea |
30 minutos–8 horas |
Higiene, cobertura y control del tiempo y la temperatura |
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Bacillus cereus |
Arroz, pasta, salsas, especias y otros alimentos ricos en almidón |
Vómitos, náuseas, diarrea y dolor abdominal |
30 minutos–6 horas en la forma emética |
Enfriamiento rápido y conservación segura |
Los periodos indicados se basan en información publicada por AESAN y ECDC para Salmonella, Campylobacter, STEC, Listeria, norovirus, Staphylococcus aureus y Bacillus cereus.
¿Qué debe hacer un establecimiento ante un posible brote?
Cuando varios clientes o trabajadores comunican síntomas similares después de consumir alimentos en el establecimiento, la respuesta debe ser rápida, organizada y documentada.
1. Suspender el uso o servicio del alimento sospechoso
No sigas sirviendo el plato, lote o ingrediente mientras se investiga. Evita mezclarlo con otras existencias.
2. Aislar e identificar las unidades restantes
Marca el producto para impedir su uso accidental. Conserva la etiqueta, lote, fecha, proveedor y documentación asociada.
No elimines muestras, envases o registros que puedan ser necesarios para la investigación, salvo que la autoridad competente indique otra actuación.
3. Registrar la información disponible
Recopila de forma ordenada:
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Fecha y hora del servicio.
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Platos consumidos.
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Número de personas potencialmente afectadas.
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Síntomas comunicados y momento de aparición.
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Personal que preparó o sirvió el alimento.
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Ingredientes y proveedores.
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Lotes disponibles.
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Temperaturas registradas.
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Procesos de cocción, enfriamiento y conservación.
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Actividades de limpieza realizadas.
4. Revisar la trazabilidad
Utiliza el sistema de trazabilidad alimentaria para identificar rápidamente de dónde procedía el producto, qué lotes se utilizaron y si se sirvió o suministró a otros clientes o establecimientos.
Los artículos 18 y 19 del Reglamento (CE) n.º 178/2002 regulan la trazabilidad y las actuaciones del operador cuando considera, o tiene motivos para pensar, que un alimento no cumple los requisitos de seguridad. Esto puede incluir iniciar la retirada e informar a las autoridades competentes cuando corresponda.
5. Cooperar con la autoridad competente
Facilita registros, facturas, etiquetas, recetas, horarios del personal, planes de limpieza, controles de temperatura y cualquier otra evidencia solicitada.
Las comunidades autónomas pueden disponer de procedimientos y canales de comunicación específicos. Por ello, el responsable del establecimiento debe conocer de antemano cómo contactar con la autoridad sanitaria correspondiente.
6. Aplicar y documentar medidas correctoras
La investigación interna debe identificar no solo el alimento potencialmente implicado, sino también el fallo del proceso:
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¿Hubo una desviación de temperatura?
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¿Se utilizó el mismo equipo para alimentos crudos y cocinados?
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¿Falló el procedimiento de limpieza?
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¿Existían registros incompletos?
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¿Trabajó una persona con síntomas?
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¿El proveedor o lote estaba correctamente identificado?
Las medidas correctoras pueden incluir la retirada de productos, limpieza y desinfección extraordinarias, revisión de proveedores, reparación de equipos, cambios en el flujo de trabajo o nueva formación del personal.
Convierte la seguridad alimentaria en una práctica diaria
Desarrolla los conocimientos necesarios para aplicar controles consistentes y proteger a tus clientes y a tu negocio.


